Archivos para la Categoría 'HIstorias'

15
Abr
08

imaginacion

esta mañana el sol alumbra, mas no me cobija con su calor
salgo a la calle, camino sin rumbo fijo,
los besos y frases que son para ti, las grito y desaparecen en el aire

es tarde he caminado por toda la ciudad, comforme el tiempo a transcurrido
mi sombra me ha ido rodeando,
así como lo hacen mis ilusiones a tu esencia.

el viento, sopla y esparce las hojas secas,
y con las hojas mis esperanzas se van no se a donde iran.

solo tres lugares se en donde podrias estar,
mi corazon y mi alma contigo quieren estar
pero no se como a ti podria llegar.

es noche la luna y estrellas en lo alto
las miro fijamente veo la estrella mas bella
alzo mi mano para cubrirla la empuño,
abro mi mano y no hay nada solo, fue mi imaginación.

asi sucede cierro mis ojos y siempre estas,
los abro y tu nunca aquí estas.

15
Abr
08

por ti

Cuando era pequeño, nunca se me dio demasiado bien jugar al escondite. Cuando tenía que esconderme, lo hacía en lo que pensaba el lugar perfecto, aún así no tardaban demasiado en dar conmigo, luego, cuando pagaba yo casi nunca encontraba a nadie por muy convencido que estuviese de que lo conseguiría. Me equivocaba. Ahora, a día de hoy, me pasa algo parecido. Tú. Sin apenas esfuerzo das conmigo, sabes donde estoy, no importa cual sea mi escondite, si necesitas buscarme conoces mi paradero, y si no lo conoces no importa, tarde o temprano vuelves a dar conmigo por mucho que intente ocultarme. La diferencia de todo esto, reside en que cuando era pequeño, no sabía donde buscar a los niños con los que jugaba y por eso no los encontraba, en cambio, contigo sé donde buscarte cuando te necesito, dónde dar contigo cuando quiero verte y donde encontrarte para abrazarte y sentir poesía entre mis brazos.

Hoy va por ti… por mi, por los dias que van, por los que vienen de frente y esta amistad que es para siempre

09
Abr
08

no es para siempre

El amor no es para siempre…

Y eso en realidad no es malo. Aunque tampoco sé si es bueno.

Pero,… ¿qué sería de nosotros si recordáramos todo? ¿que sería si no pudiéramos olvidar cada beso de un amor que ya no es? Cada caricia en la piel, en el alma.

La vida misma sería difícil, mucho más difícil.

Nada es para siempre, el amor por su parte no escapa a ésta regla porque sólo dura hasta que uno mismo se lo acaba. Hasta que uno al mar de la rutina se embarca.

Cuando un amor se nos ha ido, casi siempre nos engañamos pensando que regresará, pensamos que nos volverá a amar, que todo será como antes y que hasta mejorará. Pero cuando algo fracasa, lo hace justamente entre palabras, gritos y reclamos que se quedan para siempre en nosotros.

Ellas o ellos se van y nosotros los sentimentales nos quedamos detrás, pensando, inventando, alucinando una fórmula que haga las cenizas hacer arder. Nada nunca dura para siempre y el fuego del amor tarde que temprano se va apagando.

Por mi parte, tardé un par de años para olvidar, creí que no olvidaría nunca, que siempre estaría pensando en ella,… en ellas. Fueron una tras otra, dos flechas directas que se quedaron incrustadas en mi pasado. Imborrables.

Es cierto; lo que no te mata, te hace más fuerte, en mi caso inmune, cada vez somos más difíciles de mostrarnos. El hombre sensible que hay en mi fue torturado estando indefenso, estando en estado puro. Después de eso se dedicó a estar solo, en la oscuridad, admirando la luna y el mar. Pero creo que ni la soledad es eterna.

No, más bien creo que ella sólo es incierta.

Y que bueno que todo tenga un fin, porque si no, ¿cómo empezar de nuevo cuando no funcionó y ya han pasado años? O ¿como sentir de nuevo cuando alguien nos abandonó y nos destruyó en el camino? Porque todos nos sentimos abandonados, cuando menos victimados por algo o alguien… cuando lo hemos hecho nosotros.

Y no es que no crea en el amor, en lo que creo es que con el tiempo la manera en que amamos va cambiando junto con nosotros, con nuestra esencia. Entonces, nuestra gran habilidad para adaptarnos es lo que nos hace acostumbrarnos a aquello que alguna vez locamente anhelamos.

Supongo que uno debe seguir buscando nuevas maneras de llevar el amor a nuevos niveles, de ir más allá, de cambiarlo según vayamos necesitando. Eso me lleva a una conclusión; Como humanos lo único que dura para siempre es nuestra insatisfacción y con ello una necesidad cada vez más grande de amor. Quizás el fuego no se apaga, quizás sólo soplamos más fuerte.

Pero en esos momentos cuando nada de esto tiene sentido, el dolor a causa del amor parece eterno, ¿no?

08
Abr
08

a veces

Y los días son más claros a pesar de toda adversidad, de toda problemática. Los días no se detienen y sin embargo, siento que todo va mejor. Y eso me hace conocer mi suerte, conocer la manera en que quiero ser el resto de mi vida.

He muerto ya un par de veces, ahogado en problemas, justo cuando el agua sobrepasa la sección del cuello, pero algo bueno me tenía esto que dejar, he aprendido a no desesperar y a tener confianza en que todo saldrá como debe. Como quiero que salga y ahora sé que también debajo del agua hay vida, hay paz.

Bien puede tomar años, días, meses o segundos, no importa, quiero estar presente cuando todos me den la razón, cuando todos admiren lo que he construido con mi propio gran e insignificante esfuerzo.

Hoy de nuevo he pasado vergüenzas, desvelos y malos entendidos, pero he decidido dejarlos atrás en el pasado a donde corresponden. Ya no quiero vivir con culpas tontas que no tienen solución, ni con problemas fáciles, sólo quiero vivir y ya.

Quiero tenerte a ti, a vos, a alguien que deje compartir y que comparta todas mis tontas desvarianzas nocturnas, mis serenatas y mis desgracias, que aprenda a no desesperar.

Hoy me he dado cuenta también de lo tonto que he sido y de lo mucho que en verdad te quiero, a lo que puedo decir muchas cosas, pero ninguna puede expresar lo que siento. Pero algo es cierto, la mujer de mis sueños debería ser como tú y sólo quizás, las cosas serían más realistas.

08
Abr
08

parte dos salida

En este momento recuerdo lo que me solía decir mama; “la noche es larga”. Aunque no tardará esta lluvia en parar, la quiero disfrutar, aunque sea un poco más, quiero sentir un poco su ligera inmensidad, no quiero olvidar esta grata sensación de mar, el sentir que puedo lavar cualquier emoción con solo dejarme llevar por mi ingenuidad.

Los minutos pasan, creo que eso bastará mientras termino de pensar en lo que dejo detrás… los momentos se estiran y supongo que por hoy es suficiente, supongo que no puedo mojarme mas, así que decido a entrar, cambio esta imitación de desnudez y me siento a admirar la lluvia pasar y en eso veo que las luces en el cielo han cambiado. No son más las mismas de hace un momento.

Ya no son más de asustar, son ahora para adornar, para -por momentos, iluminar esta oscura noche y entretejer inquietantes figuras en el cielo, figuras que matan, figuras que recuerdan dolores pasados, quizás no, quizás sean solo figuras al azar con formas tomadas de mi mente sin alguna piedad, quizás no, quizás solo este dormido en mi cuarto delirándolo todo de nuevo.

Los momentos transcurren sin más, en completa sincronía con mi admirar, aunque esto no me puede cansar, me levanto de mi escondite, mi pequeño lugar de protección y me decido a caminar otra vez por esta ciudad, sin tomar nada, simplemente salir y caminar, sólo salir, sin rumbo fijo, sin lugar al cual llegar, sin lugar para regresar.

Por las calles nadie me ve transitar, todo en completa soledad, ni damas a quien contratar, ni personas a quien mirar, -esta ciudad esta sola, comienzo a pensar, pero me doy cuenta que no es necesario hacerlo, al fin que solo he salido a caminar –no a pensar, a estirar la mente, a despejar el alma, al fin que solo he salido a vagabundear un poco el alma.

No para de llover, no aumenta ni disminuye, es como si un pedazo de tiempo se hubiera detenido sobre la ciudad, como si esta instancia se repitiera y nada mas, pero de nuevo recuerdo que no he salido a pensar, solo a caminar, así que no he de conjeturar sobre lo que posiblemente sea una realidad, así que me decido a continuar…

08
Abr
08

recuerdos

Me ha vuelto a pasar, de nuevo sueño despierto. Sueño de ti.

Pero no como ayer, no como antes. Sensaciones oníricas, casi vívidas. Justo como siento cuando fantaseo despierto.

Raro el viento, no sé en verdad si culmino sus fúricas manifestaciones como siempre, como todo el tiempo. Como cuando me hacia contar historias de ti.

Fue una aventura larga, como cuando vas al campo cuando niño. Pero más maduro y con menos miedo. Con aventuras diferentes. Una de otra independiente.

Ya lo sabes, siempre digo tonterías, siempre vivo de ellas.

Hoy en soledad ya no escucho voces. Hoy en soledad ya no lloro a solas. En soledad hoy a oscuras me acuerdo de ti. Hoy se endulza un poco mi amargura. Hoy… mi dolor se convierte en amores y mi amor, en dolores.

08
Abr
08

primera vez

Otra tarde cualquiera en un día caluroso, así fue el contexto del recuerdo aquel.

Caminaban ambos por la acera, paso tras paso, cruzando calles sin nombre, desiertas, sedientas de pisadas comunes, deseosas de ser caminadas una vez más.

Todo fue un pretexto para que el momento preciso llegara, había deseos pasados clamando por salir a flote en ambos lados, buscando humedecer las memorias no saciadas del ayer, así eran los dos, buscando amor.

El momento llegó, un esperado primero beso, tierno como todos los primeros, inolvidable no por bueno, si no por culminante y libertador, por hermoso y tierno al fin. Recordaba los labios, eran justo como los imaginaba, pero diferentes, mas profundos, mejor que en sueños.

El efecto fue detonante brindando psicodélicos sentimientos, unidos al unísono casi potenciados por algún alucinante y calmantes como no lo habían sido jamás nada en mucho tiempo. Quizás era el amor reprimido el que paz a él le daba.

Recordaba tomar su cabello y someterlo a constantes enfrentamientos con lo que antes imaginaba y se sorprendía al descubrir la lejanía de lo que esperaba y lo que percibía. La diferencia era abismal y con eso no contaba.

Ella hablaba mientras él imaginaba un mundo perfecto, en el que pudiesen vivir los dos, en el que las circunstancias fueran diferentes, donde no tuviera que morir y renacer para poder tenerla. Para quizás amarla. Un mundo donde no importaran los prejuicios de siempre, un mundo donde simplemente se pudiera amar así, sin más.

Ella le pedía vivir el momento, quizás jamás volvería, quizás nunca mas regresara. Cuanta razón tenía. Pero él no podía evitar pensar un poco más. Se sentía tonto por no poder dejar de pensar en lo que jamás podría pasar, en lo que hacia, se sorprendía de lo que en ese momento sentía.

Ella le abrió los ojos, le recordó lo que era el amor verdadero y lo mucho que él lo necesitaba. Ella le mostró el camino para seguir construyendo su leyenda personal y le enseño las palabras para recordarla. Él no podía creer lo que había aprendido con tan solo besarla. Con tan solo tocarla y alucinarla.

Quizás todo fue un sueño, quizás una pesadilla. Talvez quizás, el amor de su vida, pero no el de la que ese día vivía.

08
Abr
08

historia de ti

Parte 1

El viento tocó la puerta. Me habría despertado de no ser por que seguía despierto.

Cavilaba sobre el sofá, reposando lagrimas de ayer en el rostro de un día como hoy, igualmente el clima templado y de la misma manera, continuando los recuerdos de ayer en el corazón lloroso de hoy, mientras la brisa se posaba en mi paladar, no pudiendo ir mas allá por el nudo en la garganta.

Desde ahí alcanzaba a mirar la gente transitar, caminando unos a otros sin si quiera conocerse, divagando en sus enigmáticos pensamientos, volviendo la vista tan solo para vociferar a quien en su camino se osase atravesar. Todos con rumbo fijo, todos sin ganas de llegar, en sus caras tan distantes se lograba descifrar.

Me volteo hacia otro lado, la pared parece más interesante. Ella me ofrece aventuras más sinceras que el caótico exterior, con su tez alguna vez brillante -ahora opacada por el paso del tiempo, y con rasguños en su piel -otorgadas por el mal tiempo, me regalaba mis viejos sentimientos, aquellos que vivimos tu y yo sin saberlo y las noches enteras que pasamos tan solo mirándonos, uno de otro enamorado.

Pasa el tiempo y la sustancia es la misma: un poco de deseo, un poco de amor y nada de atención. En el  preciso momento en que una lagrima rompió en mi rostro, un sonido llego a mi puerta, casi como una consecuencia instantánea de mi llanto. Por un instante creí conocer esos dedos chocando con el metal oxidado del exterior. Sabia que no era el viento, porque él lo hacia  para que yo lo reconociese siempre, para que siempre  supiese quien estaba del otro lado.

Suspire tan sólo un poco, reuní mis ultimas fuerzas  y casi con las mismas ganas con las que se va a la escuela cuando se es niño, tome mis viejas  sandalias, tome el abrigo y me dirigí despacio hacia la puerta caminando lentamente, pensando en no abrir al llegar ahí, al fin que nadie sabría si yo estaba o no en casa, si estaba o no del otro lado de la gruesa puerta. Al fin que, fuese quien fuese, jamás -ni en mil años, cambiaria mi vida en lo absoluto.

Atravesé la sala sin mayor problema, ropa por aquí y por allá, ningún obstáculo capaz de detenerme. Atravesaba la cocina cuando note la ultima comida que compartimos… aun seguía sobre la mesa, casi como un altar a la añoranza, los platos sucios tan llenos de nada, los vasos con el refresco tan seco que éste ya se sabia impregnado en su ser por siempre…  tan seco como los recuerdos de aquella vez… que de igual manera también se me quedaran por siempre…

Ella lucia un vestido lleno de recuerdos tristes y bajo ellos, un alma llena de soledad.

Sus labios eran rojos como la sangre que salía de sus ojos, su tez pálida, tan llena de amargura e infelicidad y sus recuerdos… sus recuerdos eran una manifestación distinta y etérea de la culpa que la acosaba.

Ella se encontraba en un restaurante sin nombre, al que llego tras deambular de noche por la ciudad, tras perderse y hacerse una con las sombras de la noche. Había gente de mala pinta en el lugar. Particularmente había un tipo que sobresalía del resto, que se había acercado a tratar de conquistarla. Tenía talante de llamarse Esteban, por sus falsos modales y evidentes intenciones. No pasó a mayores, ella tenía el cuerpo, mas no la capacidad de lidiar con algo que no fuese ‘él’ así que Esteban decidió dejarla en paz y marcharse.

Ella solo podía pensar que el era un hombre de palabra, que cualquier cosa que el juraba la cumplía, que no dejaba trabajo alguno a medias. Pensar en ello le aterrorizaba a tal grado de enchinarle la piel como no lo había hecho jamás el peor de los inviernos, como no lo había hecho jamás…. ningún otro hombre.

Lo amaba locamente, en sus días brillantes no pensaba en otra cosa. No hacia falta, no había nada mas en que pensar. Pero hoy… hoy en los días mas oscuros de su vida, el no estaba con ella, a su lado… se había alejado, ella lo había hecho irse sin quererlo… la duda la inquietaba de mala manera, ¿Estaría con otra? ¿Acaso dedicaría un poco de tiempo de su nueva vida a pensar en ella? No lo sabía.

Desesperada, comenzó a soñar despierta, a divagar en realidades distintas a la propia. Se imaginaba un mundo diferente en el que ella no existió jamás. Absorta, comenzó a creer los juegos que su amor desesperado le hacían. Confundía sus emociones en un ciclo interminable de malas bromas.

Sus lágrimas no paraban de nutrir su inmensa desdicha y como toda mujer enamorada, no veía mas allá de lo que sentía. Así que basada en sus obtusas y caóticas reacciones impulsivas, decidió no pensar más y salir en busca de su único amor, el que no estaba a su lado en ese preciso momento de gran necesidad.

Se conocieron un día como cualquier otro, en un momento sin importancia.

Ambos estaban en espera de ver una película antigua en el cine tradicional de la ciudad. “Recuerdos de otra vida” se llamaba la película… trataba de un amor imposible que el protagonista no osaba afrontar, el quería triunfar por sobre todas las cosas, incluso la muerte.

Ellos iban únicamente acompañados por su necesidad de soledad. Por su necesidad de reencontrarse a si mismos en la poderosa soledad que brinda un cine como aquel. Por azares del destino, ellos eran tan solo parte de las 11 personas -incluida la que proyectaba la película- que estaban ese día en la sala. 8 salieron 15 minutos después de empezada la cinta, “No saben lo que se pierden” pensó él…. “Mas soledad para mí” pensó ella…

Únicamente 3 restaban esa noche. Lágrimas, risas y sentimientos encontrados rondaron la sala durante cerca de dos horas. Después de un final inesperado, ambos salieron de ahí reflexionando la profundidad del filme. En un momento de abstracción, el dice en voz alta y sin darse cuenta: “¿Que significa… ‘tantas copias inútiles de ti’? Es la única parte que no comprendo de esa película… ¡¡Si no hay ningún otro personaje mas que el protagonista!!” Ella escucho e instintivamente respondió “No sabes cuantas veces me he preguntado lo mismo” al tiempo que noto su respuesta natural y sincera. Ambos rieron al instante.

Las estrellas no brillaban de manera especial, de hecho, parecían mas opacas que de costumbre. La luna,… la luna permanecía inmutable y sin cuidado de toda esa oscuridad que la rodeaba y amenazaba con absorberla de un momento a otro. No, a ella no le importaba nada en absoluto.

Era una noche en el lago, por una u otra razón, ellos no dejaron de hablar una vez que hubieron terminado de reír. Se contaban mutuamente sus experiencias y razonamientos sobre lo que entendían de la historia que acababan de ver hace un momento y se asombraban de cuan parecidas eran sus opiniones.

“Mi propia estupidez me impide darme cuenta de lo tonto que es mi absoluta soledad sin ti” Fue el tema después de la segunda -y al mismo tiempo primera- vez que vieron la película juntos. No pararon de asombrarse como la noche anterior, no pararon de medir siniestramente sus clónicas conclusiones al respecto. Esta vez la luna… la luna brillaba más.

El viento seguía tocando. En otra vida eso quizás me hubiera apresurado, en esta era diferente.

El tiempo no avanzaba, ni siquiera vacilaba en tratar de cambiar la noche se hacia eterna, las manecillas del reloj parecían tratar de volverme loco cuando me sonreían burlescamente, quedándose en el mismo lugar y al mismo tiempo haciendo que todos no pudieran continuar. Era una tortura esperar.

Me movía lento, pensando que detrás de la puerta jamás habría un destino mejor al que hoy vivía. El día no cambiaria del otro lado, el cielo seria aun mas gris por la lluvia, el clima mas húmedo que en el interior y ella…. ella no podría estar de ninguna manera del otro lado esperando que le abriera ¿Como habría de estarlo si me odiaba?

En un momento cualquiera, vino a mi mente un recuerdo pasado, donde ella y yo peleamos, donde nos separamos. Discutíamos dios sabe porque, ella gritaba mientras mi indiferencia hacia lo suyo, poco me importaba lo que dijera, de estupideces no pasaría. Era tal como la vez anterior, pero se sentía como la primera de verdad, había algo diferente que no encajaba con esa realidad donde ambos eran felices sin importarles si quiera el querer hablar, el amor bastaba para transmitir las emociones, el amor era suficiente para mantenerlos unidos, el amor simplemente… era.

El fuego sencillamente se había apagado, se había marchado quizás, a otro cuerpo. Ahora solamente me acompañaba el dolor y una botella de tequila, liquido transparente que al mismo tiempo brindaba un matiz de colores diferente a mi confinamiento en ese lugar, un falso arco iris de esperanza.

El sonido se volvió insistente, detrás de la puerta alguien de verdad tenia prisa por entrar, ¿Seria la lluvia? ¿Seria el frió de la noche? ¿Seria el casero que venia de nuevo a cobrarme? Mmmmf… al final no importaba, así que decidí caminar hasta allí y sorprenderme de mi enorme perspicacia. Decidí reanudar el paso.

Al caminar, solo podía recordar lo tonto que fui al enseñarle la parte de mí que no tenia sentimientos. Al mostrarle lo poco o mucho que podía hacer si así lo quería. Era capaz de mostrar la misma respuesta que un muro cuando se le golpea con todas tus fuerzas: causaba más dolor y enojo que momentos antes de hacerlo. La reacción a la acción determina cada emoción siguiente. Ni siquiera fui capaz de comenzar el efecto.

22
Mar
08

Marchita

Quizá tú no me viste,

quizá nadie me viese tan perdido,

tan frío en esta esquina.

Pero el viento

pensó que yo era piedra

y quiso con mi cuerpo deshacerse.

La flor se quedó sobre la mesa, se quedó al costado del diario que no le avisó lo mas importante del día.

-Debió decirle aunque sea entre líneas que ella no vendría -

Y para qué ocultarlo, al lado de la flor se quedó tambien su pena, envuelta en una servilleta que le arropó el desamparo.
Pensó en llevarla consigo, darle alojamiento en alguna de sus vértebras, mirarle indefinidamente sus colores pálidos y avizorar todos los finales posibles.
Pensó en ahogarla con alguna bebida, tirarla bajo el tren del mediodía.
No quiso.
Todo cuanto pensó le pareció fatal.

Por eso prefirió dejarla allí, anclada en aquella mesa perdida, al reparo de los vientos y lejos de su tristeza.

 

22
Mar
08

Silencios

¿Qué brazos buenos, qué hora feliz,

me devolverán esa región de donde vienen mis sueños,

mis mas mínimos movimientos?
-Arthur Rimbaud-

Un silencio cargado de palabras por nacer se subió a mi garganta.
Nada peor que los silencios en trabajo de parto. Las palabras pujando, la garganta cerrada, los ojos rojos, los dientes apretados.
Y el dolor, claro.
En estas circunstancias, buscó asilo en mi garganta. Acampó en medio de una tempestad y se hizo dueño de mis horas mas sombrías.

Su naturaleza tibia lo tuvo batallando bajo mis párpados, en penumbras, intentando dar vida a un tumulto de emociones retorcidas.

Mis ojos entonces, fueron espectadores de una película muda.
Miraron las paredes al sol.
La vecina aturdida.
Los grafittis de la estación.
Las calles adormecidas, sus ventanas de verano abiertas, el bullicio del mercado.
Más arriba, el gato merodeando el techo con una lentitud que se amiga con el ritmo de mi mirada y parecen danzar juntos. Luego en un momento de distracción lo pierdo, él corre mas rápido, y yo trastabillo por el tejado para caer sobre las ramas de los árboles, que generosas hasta el cansancio me abrazan y me sostienen allí una eternidad.
Mis ojos se abandonan entre esos brazos, nada importa. Sólo estarse allí, suspendido en un cielo de hojas.
Desde esa altura recobro perspectiva y la música del ambiente se borra de inmediato cuando recuerdo que hay un silencio por parir.

Un silencio que invita a mi cuerpo a sentarse, que me corre la silla como un hombre amable, que pide un café y se estaciona entre mis manos.